Brasil: En el umbral de una estrecha elección presidencial

jul 27, 2010 Sin comentarios por
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Carlos Gutierrez

El próximo día 3 de octubre se realizarán las votaciones de la elección presidencial brasilera, en lo que seguramente solo será la primera vuelta de la que parece ser una de las contiendas electorales más estrechas en su historia. Según los analistas políticos, esta elección será un hito en la participación ciudadana, en los montos del gasto publicitario que se tienen previstos, y en las propuestas políticas que se enfrentan, después de dos gobiernos exitosos del Presidente Lula Da Silva. Por lo tanto, probablemente solo será hasta el día 31 de octubre, en la realización de la segunda vuelta, en que conoceremos al sucesor del ex dirigente sindical y militante del Partido de los Trabajadores.

Después de un tímido inicio de la campaña electoral por parte de la sucesora de Lula, la candidata del PT Dilma Rousseff, que la tuvo muy abajo en las opiniones de los electores, la publicación de encuestas de opinión por parte de las empresas especializadas ha venido mostrando un avance y recuperación notable, hasta llegar a fines del mes junio a una superación de su principal contendor, el candidato del PSDB, José Serra. Según el Instituto Brasilero de opinión pública y Estadual (Ibope), en la encuesta dada a conocer el 23 de junio, Rousseff obtenía un 38,2 %, Serra un 32,3% y muy atrás la candidata del Partido Verde, Marina Silva con un 7 %. También es interesante hacer notar, que en esta última encuesta, el porcentaje de personas que todavía no ha decidido su voto está en un 20,1 % de la población.

Algo muy similar arrojan los datos recogidos y procesados por la empresa Vox Populi, a través de dos encuestas que fueron realizadas en el mes de marzo y a fines de junio. La candidata Rousseff salta del 30 % de apoyo al 40 %, mientras que Serra se mantiene estancado en el 35 %. El porcentaje de población que no tiene decidido su voto, según la encuesta realizada en junio, es del 16 %, que se asemeja bastante al arrojado por la anterior encuesta.

Otras dos encuestadoras realizaron un sondeo de opinión que dieron a conocer a principios de julio, que también coinciden en el empate técnico. La encuesta de Datafolha del 2 de julio entrega 38 % para Rousseff y 39 % para Serra. La encuesta de TV Globo del 4 de julio, entrega un empate en 39 % de apoyo de la ciudadanía. La candidata Silva bordea el 10 %.

Aparece como evidente que la disputa será estrecha entre la continuadora del gobierno de Lula, Dilma Rousseff y su poderoso contendor del PSDB, José Serra, quien tiene entre sus pergaminos el haber sido Gobernador del Estado de Sao Paulo y ministro del Presidente Fernando Henrique Cardoso.

Es indudable que la elección presidencial brasilera concita una importante mirada del mundo político, tanto a nivel global como específicamente el suramericano, particularmente por el papel que desde la última década ha venido jugando en el sistema internacional, regional y subregional, en ámbitos económicos, políticos y de la seguridad y la defensa. No hay mirada indiferente sobre este proceso por parte de los distintos actores, puesto que la continuidad o el cambio pueden tener determinadas repercusiones en las diferentes escalas de la arquitectura internacional.

Si bien todavía no hay una presentación formal y definitiva de los programas de gobierno de las candidaturas, recién para esta semana existen los compromisos de publicitarlos, al menos en entrevistas y discursos han dejado entrever parte de su ideario. El candidato Serra afirmó que en esta semana entregaría una directiva con 40 temas fundamentales para su gobierno. La candidata Rousseff vivió la semana recién pasada un entredicho muy desafortunado al hacer entrega de su Programa al Tribunal Electoral, pero que no era coincidente con el que se había aprobado en las convenciones del Partido de los Trabajadores, apareciendo en este último medidas calificadas por la propia candidata de “muy radicales”, como una profunda reforma tributaria y el control social de los medios, entre otros puntos. Esto llevó a una disculpa pública y a retirar este documento del espacio público.

Aparece claro que la fortaleza de la candidatura de Dilma Rousseff se sustenta en la continuidad de la obra realizada por el Presidente Lula, que terminará su mandato con la aprobación popular más alta en la historia de un Presidente brasilero, que actualmente supera el 70 %, tanto en el plano interno como en la esfera internacional. Los programas relativos a la ampliación de la cobertura social, educacional, la lucha contra la pobreza y el hambre, seguirán siendo los pilares de su gobierno, amparados en un crecimiento económico sobre el 4 % según previsiones del FMI. En el plano internacional lo más probable es que también mantenga los logros alcanzado, pero quizás con un liderazgo menos empático que el mostrado por Lula. Aquí aparecen las primeras dudas sobre el énfasis que pondrá en una agenda internacional de amplio espectro, teniendo en cuenta los fracasos y críticas que han tenido ciertas acciones en el terreno internacional por parte del Presidente Lula, asumiendo que no contará con personas claves que han hegemonizado en ese tema, como ha sido la influencia de Amorín y Marco Aurelio.

La situación podría ser distinta si hay un cambio en la tendencia electoral y vence el candidato opositor, José Serra del PSDB. En reiteradas alusiones a la política exterior de Lula ha criticado el estándar de éstas, acusando un sobre protagonismo, una tendencia muy marcada en relaciones débiles con gobiernos afines ideológicamente. Ha dicho explícitamente que hará un gobierno más ético en casa y en el extranjero, con un énfasis especial en el tema de los derechos humanos hacia adentro y fuera de Brasil. Sus aprehensiones en materias de seguridad ciudadana, particularmente en el combate al crimen organizado y el narcotráfico han sido muy elocuentes, incluso llegando a realizar acusaciones específicas al gobierno boliviano por su escaso control de la producción de coca, de la cual una parte sustantiva llega al mercado brasilero y europeo, con las consiguientes dificultades en la frontera común, en el tráfico de armas y la violencia urbana en los grandes centros de Sao Paulo y Río de Janeiro.

Por lo tanto, ante un posible cambio de signo del gobierno brasilero, podríamos encontrarnos con una política exterior hacia la subregión más restrictiva, quizás con menos contemplaciones hacia gobiernos de carácter izquierdista, pero manteniendo un rol protagónico en el liderazgo, donde seguirá con los énfasis en el potenciamiento de sus capacidades nacionales tanto en el plano económico, político como en los planes de modernización de su proyección estratégica.

Hay otros temas claves que hasta ahora no han sido parte de los planteamientos públicos de los candidatos en pugna, a pesar de que recién está empezando legalmente la campaña. Uno de ellos tiene que ver con los niveles de corrupción en las esferas gubernamentales, que incluso tuvieron al Gobierno del Presidente Lula en varios entredichos con militantes de su Partido. Solo las declaraciones de Serra han apuntado con firmeza en esta dirección, lo que seguramente será un aspecto muy recurrente de su campaña.

Como un problema lateral, pero que indudablemente afecta a la imagen del Presidente Lula y pone nuevos desafíos a la calidad del proceso democrático, han sido las acusaciones de intervencionismo electoral, que ha significado que el Tribunal Electoral haya sancionado con medidas pecuniarias en seis ocasiones al Presidente Lula por estas razones y a la candidata Rousseff en tres ocasiones por realizar acciones de propaganda electoral fuera de los plazos legales.

Otro aspecto clave se da en el espacio económico. Brasil ha logrado mantener tasas de crecimiento espectaculares, bordeando el 7 %, y el FMI lo ha ubicado como uno de los pocos países que mantendrá un crecimiento importante en los próximos años, a pesar de la crisis mundial. Pero ha surgido un manto de duda a propósito de la abultada deuda pública (aparece el espectro de la crisis europea), que hoy está en 60,1 % del PIB, la tercera más alta del grupo de países denominados emergentes, y que seguramente seguirá siendo necesaria para asumir los enormes y costosos planes de desarrollo social, específicamente en el terreno de la salud y la educación pública, donde todavía las brechas son grandes, donde se debe superar mecanismos de funcionamiento muy inoperantes (se habla que en el sistema de salud pública las listas de espera siguen siendo de varios meses) y además mantener los ritmos de cobertura, que también se transformarán en grandes desafíos, a propósito de los enormes cambios estructurales que se ha promovido en la sociedad brasilera.

Es interesante apreciar el proceso político brasilero y los intereses que despierta en todos los países, como un signo positivo de la importancia de éste para la región y el mundo, tan distinto de otras épocas en que predominaban inercias endógenas. Sin lugar a dudas un mérito fundamental de la proyección que el Presidente Lula ha logrado empatizar con los principales actores internos. Es de esperar que la tendencia siga en signo positivo.



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